Mes de marzo. Son casi las 2 de la
mañana cuando llegamos a Banff en nuestro recién alquilado Pontiac Grand Am. Hace frío,
mucho frío. Un alce se está comiendo un jardín. Esto parece 'Doctor en Alaska'...
Afortunadamente, en nuestro hotel, el Blue Mountain Lodge, no se han olvidado de dejarnos
la llave en el buzón. La habitación es pequeña pero confortable. Dormimos como troncos.
A las 7 de la mañana estamos ya despiertos,
las ocho horas de diferencia con España nos tienen un poco desorientados. Tras desayunar
damos una vuelta por el pueblo para reconocer el terreno. Las orejas parece que se nos van
a caer por el frío, pero conseguimos cambiar dinero, compramos comida y nos pasamos por
Mountain Magic Equipment, el punto de referencia en el pueblo para tener información de
primera mano sobre las escaladas. Con nuestro destroce de cuerpo, preguntamos tímidamente
por algún grado 4 que nos sirva de toma de contacto. Sin dudarlo, nos recomiendan
Professor, una via de casi 300 metros en la cara NE del Mount Rundle, muy popular por su
cercanía a Banff y muy fácil de encontrar, según nos dicen.
Aparcamos nuestro coche en el parking de Bow Falls pero no
vemos ningún indicio que nos indique donde puede comenzar el camino a nuestra cascada.
Suerte que el conductor de una camioneta de Mountain Mushers (especialistas en pasear
japoneses en trineos de perros) se apiada de nosotros y nos lleva justo hasta el principio
del camino, a través de una pista cerrada al tráfico pero que ellos utilizan para sus
paseos. La verdad es que esta gente es muy enrollada.
LEJOS DEL PLANETA
TIERRA
.
..
.
Escalando Pilsner Pillar
Tras una media hora caminando por una huella
excelente a lo largo del Bow River, primero vemos allá en lo alto las chorreras de hielo
que llaman Terminator, The Replicant y Sea of Vapors. En estos momentos esos nombres no
son para nosotros nada más que ciencia ficción. Pronto descubrimos nuestro objetivo, que
resulta ser una serie de muros más o menos verticales unidos por rampas de nieve, todo
ello encajado en una especie de canal. Rápidamente llegamos a la base y mientras nos
preparamos me acerco al hielo para probarlo con unos golpes de mi piolet. Pero... ¿qué
es esto? Me vuelvo incrédulo hacia Josito y Angel. Este hielo es de otro mundo. Las bajas
temperaturas de estos días, de hasta 30º bajo cero, lo han convertido en un material
duro y quebradizo, más similar al vidrio que a cualquier otro material conocido por
nosotros. Y sobre todo azul, el hielo más azul que recuerdo. En fin, nos ponemos manos a
la obra y tras unos largos nos hemos familiarizado con el medio. Es mejor ganchear siempre
que es posible, ahorra fuerzas y no rompe el hielo quebradizo. Estamos muy contentos. La
escalada y el entorno son realmente agradables. Tras alcanzar el final de la vía
rapelamos de los anclajes instalados. Cae la noche. Nuestro primer día de actividad ha
terminado muy satisfactoriamente.
En vista de
nuestra buena forma, decidimos probar suerte al día siguiente con Carlsberg Column, grado
5, y Pilsner Pillar, de grado 6 y según las guías de Albi Sole y Joe Josephson, máximo
exponente en columnas free standing en la zona. Aunque la columna no todos los años toca
el suelo, nos han asegurado en Mountain Magic que esta temporada está excepcionalmente
gorda. Nos levantamos en cuanto amanece y nos dirigimos hacia nuestro objetivo a toda
velocidad... hasta que un policía muy amable nos obsequió con un multazo por exceder el
límite de 90 km./h. En fin, aunque el mismo policía nos dijo que no nos preocupáramos
de pagar la multa si no teníamos intención de volver a Canadá próximamente, nos
resignamos a circular a la velocidad legal.
Desde la autopista observamos la situación exacta de
nuestras cascadas. Es muy recomendable tomar esta precaución para no perderse luego entre
los árboles. Aparcamos a las afueras de Field, justo bajo nuestras cascadas, y
comprobamos que hay varias cordadas en Carlsberg, así que decidimos comenzar con Pilsner.
Esto ya es serio, se trata de una columna de unos 35 metros rigurosamente verticales. Me
toca ir de primero. Nunca he escalado nada similar. Me vienen a la cabeza las fotos de
Damilano sobre esta columna, que he admirado una y otra vez durante todos estos años.
Como no queda más remedio, comienzo a escalar, muy suavemente, sin golpear apenas,
gancheando con mis piolets en las numerosas irregularidades del hielo. Escalo preparado
para sufrir, para agotar mis fuerzas, ¿tendré que colgarme de los piolets?. Los pies van
bien en los champiñones que sobresalen. Voy muy concentrado. Un tornillo. Un paso
desplomado. Equilibro mi cuerpo. Otro tornillo. Más gancheos. Más tornillos. Hasta que
finalmente llego a los puentes de hielo de la reunión. Estoy desconcertado. ¿Ya se ha
acabado? Josito subre y rapelamos. Estamos felices. ¡Vamos a por Carlsberg! Me gustan
estas cascadas con nombre de cerveza. Aunque están orientadas al norte, no hace demasiado
frío.
Carlsberg es un estilo distinto. También muy vertical,
requiere más atención a nuestros pies ya que tiene menos irregularidades. Esto mismo
hace que sea necesario golpear con los piolets. Josito negocia el largo clave sin
problemas. Sentimos una gran satisfacción y paz. Es como si escalando estas cascadas de
verticalidad todal hubiéramos atravesado una puerta hacia otra dimensión. Sobre la
marcha nos ponemos a planear nuestros siguientes objetivos. Para mañana, Oh Le Tabarnac,
y pasado, Weeping Pillar, la cascada que más nos atrae.
CASI COMO EN CASA
.
Jose Isidro Gordito a punto de escalar Oh Le
Tabernacle
Esa noche tenemos tertulia en el hotel con Hugh
e Irene, los dueños del hotel, que tienen visita de unos amigos. Son muy simpáticos y
nos hacen muchísimas preguntas sobre nuestras escaladas. A todo el mucho aquí le choca
mucho que haya escaladores de hielo en España. Les explicamos que no todo es sol y playa.
Hugh, a sus cincuenta y tantos, nos cuenta que es un gran aficionado al trial, y que hace
poco ha quedado quinto en una competición en USA. Angel aparece luciendo su camiseta de
Megadeth. Como a los locales les resulta difícil pronunciar su nombre, automáticamente
pasa a ser Megadeth Man. Esta gente nos hace sentir como en casa.
A la mañana siguiente, tras hora y media de coche, aparcamos cerca de
Oh Le Tabarnac, IV, 5+. Contemplándola, me vuelven de nuevo a la cabeza las fotos de
Damilano y Perroux. ¿Veremos huellas de oso como ellos?. Huellas de oso no vimos, pero
sí de puma, y muy recientes, a juzgar por la nitidez con que estaban marcadas en la nieve
recién caida esa misma noche. Numerosas huellas de cabra montés nos dieron una pista de
lo que podía estar buscando el puma tan temprano. Hoy la temperatura ha subido bastante.
Es el 'chinook'. Además nuestra cascada de hoy está orientada al sur, con lo que tenemos
asegurado un ambiente agradable.
Anteriormente esta cascada se escalaba en dos largos, pero es
posible hacerla en un solo largo de 50 metros a tope de cuerda, con lo que la vía gana en
nivel y estética. El hielo, transformado por el sol, es mucho más plástico. Las hojas
de los piolets encuentran anclajes sólidos sin esfuerzo. El inconveniente es que los
seguros no son tan sólidos. No se puede tener todo. Esta vía, para variar, es también
un auténtico disfrute. Josito la escala también de primero y luego va Angel con la
cuerda por arriba. Aunque lleva muchos años sin escalar no se le da tan mal. Eso sí, se
queja mucho, pero no le hacemos caso.
MAS
"MADERA"
.
.
Largos finales de Polar Circus
Terminada la faena nos acercamos a ver Weeping
Wall, a unos 20 minutos en coche más allá de Oh Le Tabarnac, queremos reconocer el sitio
para cuando vengamos mañana. Antes de llegar a Weeping Wall paramos a hacer unas fotos a
dos cascadas preciosas: Ice Nine y a su compañera Nine (antes llamada Happy Days) que no
toca el suelo. Ver Weeping Wall en directo nos tranquiliza bastante, pues comprobamos que
la dificultad, especialmente de la parte superior, está a nuestro alcance. Lo que nos
preocupa es la temperatura, demasiado elevada incluso al anochecer. En una cascada de su
longitud, totalmente expuesta al sur, una temperatura por encima de cero grados significa
chorros de agua por todas partes y caída de hielo. En fin, mañana veremos.
Y por la mañana comprobamos, tras las dos horas de coche de rigor, y
los diez minutos de aproximación desde el parking, que el calor había hecho de las
suyas. El agua corría libremente por la superficie de los muros verticales. Cuando
llegamos había ya dos cordadas en el Lower Weeping Wall, siguiendo las líneas más
sencillas a derecha e izquierda de la misma, lo que nos dejaba libre nuestro objetivo del
Central Pillar, III, 5, 125 m. para enlazar luego, según nuestro plan, con el Weeping
Pillar, V, 6, de 155 m. en el Upper Weeping Wall, obviamente mucho menos frecuentado que
la parte inferior.
El primer largo de Central Pillar no planteó problema,
siendo muy similar a cualquier largo de Freezante, por ejemplo, pero el segundo largo era
otra historia. Josito tuvo que vérselas con un muro completamente vertical de hielo
bastante irregular totalmente transformado por una auténtica ducha continua de agua
fresquita. Gracias a que la temperatura era bastante suave pudimos sobrevivir a semejante
baño. Completamente calados, pero sin más contratiempos, llegamos a la base del 'Upper'.
'Esto es pan comido' nos dijimos antes de comenzar, pero eso era hablar más de la cuenta.
El día estaba bastante avanzado y el sol aunque velado por una fina capa de nubes,
calentaba lo suyo, desprendiendo trozos de hielo de la parte superior que caían
arbitrariamente a nuestro alrededor, pero estábamos determinados a subir. Josito comenzó
a escalar el primer largo aparentemente sin problemas. La plasticidad del hielo hacía
fácil la progresión. De repente comenzó a caer. Ambos piolets se le salieron al
traccionar de ellos. Creo que será mejor que volvamos en otro momento. Pusimos pies en
polvorosa y nos dirigimos a los rápeles instalados en Snivelling Gully, en el extremo
izquierdo de Lower Weeping Wall.
Unas horas más tarde estábamos celebrándolo con unas
cervezas en el Rose & Crown, el garito con más marcha de Banff, auténtico centro de
la vida nocturna del pueblo. Al día siguiente decidimos tomárnoslo de relax y dedicamos
la mañana a visitar las innumerables tiendas de souvenirs que jalonan Banff Avenue. El
chinook continuaba y al mediodía, bastante reconfortados por la actividad matutina, nos
acercamos a Lake Louise para estirar los músculos en Louise Falls, una bonita cascada con
orientación N. que domina el famoso lago Louise. El inconveniente es que suele estar
llena de gente a cualquier hora. Por eso decidimos esperar hasta por la tarde cuando todo
el mucho se había ido. Lo bueno es que pudimos disfrutar de las luces del anochecer en un
lugar privilegiado. Lo malo es que tuvimos que rapelar a oscuras (nos dejamos el frontal
abajo).
REGRESO AL FUTURO
.
Ice Nine
3 de marzo de 1997. ¡De nuevo estamos en
Canadá, un año después y otra vez más en marzo! Ahora tenemos dos semanas por delante
y estamos preparados para conocer más de este parque de atracciones de hielo. Desde que
comenzó el invierno he estado siguiendo la evolución de las cascadas a través de
Internet y por eso sabemos que las condiciones en general son muy buenas, especialmente en
la cara N. del Mount Rundle: Sea of Vapors, nuestro objetivo principal, está más gorda
que nunca, al igual que sus vecinas Terminator y The Replicant, tanto es así que esta es
una de las zonas más frecuentadas este invierno.
Hoy,
primer día en Banff, después de echar un ojo con los prismáticos a Sea of Vapors y de
limpiarnos las babas heladas que nos han caído por la pechera, nos dedicaremos a resolver
algunos pequeños problemillas (todo nuestro material y casi toda nuestra ropa se ha
quedado en Londres), haremos algunas compras de emergencia y nos instalaremos en el
confortable albergue que también es la sede oficial del Alpine Club of Canada. Ubicado en
Canmore, a unos 15 km. de Banff, con más lujos de los que uno está acostumbrado a ver en
un lugar para escaladores y con un precio de lo más barato, el 'clubhouse' es el mejor
punto de encuentro y de intercambio de información entre escaladores.
Si el primer día nos sentimos felices por estar de nuevo
aquí, el segundo realmente no pudimos contener unas lágrimas de emoción cuando de nuevo
pudimos reunirnos con nuestros queridísimos petates (uno nunca se da cuenta de lo que
aprecia a esos bultos pesados y desagradables hasta que te separan de ellos varios miles
de kilómetros). Para celebrarlo preparamos rápidamente nuestro material y nos recorremos
los más de cien kilómetros que hay hasta Murchinson Falls, en la zona del Icefield
Parkway, que con unos 200 metros de altura y grado 4+ nos parece una buena toma de
contacto. El día es estupendo, con nubes y claros y unos -15ºC ¡ideal!. Mientras
hacemos kilómetros por la autopista helada el paisaje se muestra invariablemente
inhóspito. Bosques, montañas, nieve. De vez en cuando, alguna cascada que no siempre
acertamos a reconocer en la guía, ¿estará abierta?.
COMENZAR DE NUEVO
.
Bajando de Polar Circus
Al igual que el año pasado, al comenzar, esta
primera cascada nos parece hiperdifícil. Durante nuestro entrenamiento en Gredos,
Gavarnie y Fournel no hemos encontrado muros tan mantenidos como estos. Como ya somos
perros viejos, esta vez no nos desanimamos tanto, pues sabemos que después de un poco de
rodaje estaremos aclimadados. El sol del atardecer premia nuestro esfuerzo mientras vamos
rapelando de los 'abalakoff' ya instalados. Mientras bajamos al coche se hace oscuro.
Durante el camino de vuelta bebemos todo el té caliente de nuestros termos. Llegamos al
albergue, cenamos, charlamos un poco con otros escaladores y a dormir. Ha pasado un día
típico de las Rocosas Canadienses. Por la mañana, después de apretarnos un desayuno
como es debido y de prepararnos el té para los termos, decidimos visitar Upper Falls en
Johnston Canyon. Con 30 minutos de aproximación sin apenas desnivel, cuentan con una
colección de carámbanos verticales de unos 40 metros que nos van a servir para ponernos
las pilas... ¡y vaya que si nos sirven! Tras escalar estos muros por varias líneas
tenemos los antebrazos como piedras. Por eso vamos a tomarnos algún descanso y al día
siguiente decidimos relajarnos y conocer Canmore aunque no pudimos evitar la tentación de
ir a jugar un rato al Canmore Junkyard, unos pequeños muros helados en las afueras del
pueblo. Lo bueno que tiene Banff es que puedes elegir escaladas fáciles o difíciles,
cortas o largas, cercanas o casi inalcanzables...
SEA OF VAPORS
.
De izq. a der.: Terminator, The Replicant y Sea of
Vapors.
Jose Isidro Gordito iniciando el tercer largo.
Foto: Mark Synott
Warren Holinger en Terminator visto desde Sea of Vapors
Llevamos varios días aquí, nos
encontramos fuertes escalando, hemos conseguido montones de información sobre condiciones
de todas las zonas, ¿para cuándo vamos a dejar Sea of Vapors? Quizá nos impone un poco
ese colgajo de hielo a 700 metros por encima del valle en las sombrías paredes del Mt.
Rundle... Quizá hemos leído demasiadas historias de miedo de ascensiones anteriores...
Después de hablar con varios escaladores que han estado allí durante los últimos días
tomamos la decisión de no demorarlo más. Warren Hollinger y Mark Synott, los héroes del
momento en Estados Unidos por su vía en el Polar Sun Spire, nos dicen que también
subirán al Rundle con nosotros. Mientras nosotros hacemos Sea of Vapors ellos se
encaramarán por Terminator. Nos gusta la idea. Por lo menos la aproximación estará
animada.
Al día siguiente, o mejor dicho, esa
noche, a las 4 de la mañana nos ponemos en marcha. Tenemos suerte y no hay ningún coche
junto al comienzo de la aproximación. Nadie nos pisará la vía. No se por qué hoy hace
más frío que ningún día. He traído toda la ropa que tenía. Unos minutos después
aparecen Mark y Warren. Juntos comenzamos la subida de más de dos horas a través de un
espeso bosque y por laderas empinadas hasta una cueva cerca de la base del muro. Hace
mucho frío, seguramente estamos entre -20 y -25ºC y no vamos a ver el sol en todo el
día. Tengo tanta ropa que casi no me cabe el arnés. No tengo frío en el cuerpo pero mis
pies están helados dentro de mis botas de cuero. A Jose le pasa lo mismo. ¿Serán
nuestros guantes sufientemente calientes? Espero que sí. No quiero ir a Zaragoza.
Tras el ceremonial de preparativos nuestros compañeros
americanos se van hacia la izquierda, a la base de Terminator y nosotros seguimos de
frente hasta llegar justo debajo de Postcriptum, la entrada de nuestra vía. Este primer
largo le toca a Jose, lo cual me reconforta. El hielo parece gordo y sólido pero las
historias que hemos oído de este primer tramo no son nada tranquilizadoras. Pronto Jose
comienza a devorar metros con bastante soltura, como cabía esperar de él, y monta
reunión. Corro a reunirme con él y compruebo la buena calidad del hielo. En la reunión
estamos eufóricos, lo que se ve por arriba será pan comido si el hielo no cambia de
calidad y se mantiene el grosor. El segundo largo no me da mayores problemas y monto
reunión. Parece que el Mar de Vapores es un mar tranquilo. Tenemos una vista magnífica
de Warren y Mark. Terminator parece impresionante desde nuestro mirador privilegiado.
Ellos también parecen disfrutar con la vista que ofrecemos.
Mientras aseguro a Jose me percato de que me encuentro en una
especie de embudo. Me temo que voy a ser bombardeado -pensé. Con toda clase de
recomendaciones y ruegos para que tratase de no tirar mucho hielo despedí a Jose mientras
empezaba el tercer largo. Como era previsible, pronto comencé a recibir los previsibles
impactos de los trozos de hielo que Jose desprendía muy a pesar suyo ya que tuvo que
atravesar un tramo de hielo bastante frágil. No debí hacerlo, pero alcé la mirada para
ver por un momento la evolución de Jose, justo a tiempo de recibir un bofetón de los que
hacen época. Un buen trozo de hielo me golpeó en el mentón izquierdo y a pesar del
frío intenso pronto noté el calor tibio de la sangre bajando por la cara. ¡Mierda!
¡Parezco novato!
Algo mareado por el golpe, por lo menos pude completar la
vía aunque a Jose le tocó tirar el siguiente largo. Cinco rápeles nos dejaron de nuevo
en la cueva con los macutos. Los dos americanos que también están bajando de Terminator
van a hacer ahora The Replicant. A mí el susto y el dolor de la cara me ha dejado sin
ganas de escalar, además necesito una cura urgente ya que cada vez que me río me sangra
la herida.
¿DESCANSAR?
.
Parte superior de Polar Circus
Bueno, las cosas no van tan mal. Ya hemos
escalado la mítica Sea of Vapors y hemos sobrevivido. Ahora, después de un descanso,
tenemos otro 'encarguito' para estas vacaciones. Se trata, ni más ni menos, de la
superclásica Polar Circus. El año pasado no la hicimos y tuvimos que aguantar unas
cuantas charlas de los amigos porque venir a las Rocosas y no hacer Polar Circus es poco
menos que imperdonable. Así que unos días después ya con la cara más presentable nos
pegamos el madrugón y la paliza de kilómetros correspondiente para zanjar el asunto. La
ascensión es bonita y merece la pena ya que se trata de un recorrido bastante largo por
una canal muy encajonada, compuesto de una sucesión de muros de hielo relativamente
sencillos, conectados por campas de nieve. Sus dificultades técnicas moderadas lo ponen
al alcance de muchos escaladores, eso sí, es un recorrido a evitar con peligro de
avalanchas.
Tanto Jose como yo quedamos muy
satisfechos con este viaje por la variedad y la calidad de las escaladas que realizamos.
Los dos largos de Ice Nine, de grado 6, completamente expuestos al sol y con el hielo más
plástico que se pueda imaginar fueron un contrapunto a Whiteman Falls otro bellísimo
grado 6 con una larga aproximación situado en Kananaskis Country. No muy lejos de esta
última, durante los últimos días la zona de Moonlight nos proporcionó un terreno más
relajado donde jugar. Las dos semanas han pasado rápidamente, casi sin darnos cuenta.
Hemos roto brevemente el silencio del invierno en este lugar remoto. Ese silencio que nos
acompaña y nos dice que apenas hemos atisbado una mínima parte de los tesoros helados
que guardan estas montañas del otro lado del mundo. Hay que volver...